El hombre y la mujer

El tiempo es breve, la esperanza se agota. Una última vez partiré a la batalla, y tú a los brazos de otro, ese que se ufana de ser tu dueño sin conocerte siquiera; fuiste vendida, como yo a la guerra, al ejército. Después de todo, hombres o mujeres, nuestro destino siempre es trazado por otros, más poderosos y menos valientes.

Y sin embargo no es esto lo que quiero decir, no malgastemos más minutos en una tristeza en vano. Nos separaremos esta noche, amor, y me temo que para siempre, pues aunque no muera entre la sangre y el acero, tampoco tendré la dicha de caer entre tus brazos y exhalar el último suspiro cobijado por tu pecho. Estarás con él y yo solo. Apura tus besos ahora, fundámonos en un abrazo, que nuestras almas queden para siempre juntas ya que la providencia es que nos apartemos.

La desdicha apremia. No sollozes. Déjame reposar en tus labios un instante más y guardar eterno el amor que nunca será.

~Romy

Inspiración a partir de imágenes

Escarpados, difíciles, a veces a simple vista rectos, bellos, sin obstáculos, ¿qué secretos esconderán? Con una meta clara, o que no conducen a ninguna parte. La vida está hecha de diferentes caminos y está en nosotros saber elegir el más adecuado.

Algunas imágenes que espero los inspiren como a mí. 🍂

~Romy

Inspiración para escribir

Me encanta Pinterest, tiene maravillosas imágenes que sirven como fuente de inspiración o para que se hagan más «reales» las locaciones o personajes que tenemos en la cabeza.

Lo usé mucho cuando estaba escribiendo La Esperanza y quiero volver a usarlo como herramienta para ayudar en mis novelas. Voy a ir dejando algunas imágenes por aquí también por si les interesa.

Uno de los laterales de La Esperanza
Vista lateral (descuidada) de La Esperanza
La sala de Esperanza Penna
La parte de atrás de La Esperanza, junto al invernadero
La villa. La casa de Alicia Villar
La cocina de Alicia Villar
La spicata (hierbabuena)

Fragmento

Me asomo al cuartito que se usaba de vestidor. Está como lo recuerdo, la puerta de este lado está abierta y puedo ver la que conduce a la que era mi habitación, también abierta. Tiene la cantidad de penumbra justa, no tiene ventana ni tragaluz, lo ilumina la claridad que viene de los dos cuartos, no es suficiente para ver en su totalidad todo lo que contiene la habitación, pero es lo bastante para que me haga recordar la utilidad que tenía para mí. Solo en el último tiempo. En realidad nunca tuvo un uso específico, solo estaba aquí, de paso.

Yo le di utilidad.

Me sentaba en el piso y apoyaba la espalda en la pared del fondo del armario, allí donde estaba el espacio para colgar varias perchas con ropa, pero que en realidad nunca se utilizó para eso. Allí me escondía del mundo por algunos minutos. A veces las lágrimas eran silenciosas y lentas. A veces era un llanto lleno de furia, con lágrimas calientes y ásperas. Siempre era un llanto doloroso. Siempre deseaba que fuera mentira.

Siempre me preguntaba dónde se escondían los demás para llorar. El rostro de Fátima estaba sereno e inmaculado, como el de un ángel, pero también sin expresión, pálido, estático. Me miraba y yo veía un poco a través de ella.

¿O los otros no lloraban?

Entonces, ¿cómo soportaban la presión? ¿Qué hacían para no deshacerse? ¿Cómo aguantaban el dolor? ¿Cómo hacían para que las horas no les clavaran cada uno de sus minutos como agujas, dando un dolor largo, puntiagudo y profundo?
¿Cuál era el secreto de ellos?

~de mi novela La Esperanza

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On writing

Estos últimos días estuve desenterrando y publicando por aquí algunos fragmentos que escribí para Fantasy Fiction Estudios a lo largo de los años, inspirándome a partir de diferentes imágenes, y también otras piezas que son personales y nunca habían salido a la luz. A partir de ahora será lo emocionante porque intentaré escribir cada día algo para ir soltando el lápiz y llegar al nivel de disciplina y concentración que tenía mientras escribía El año de la felicidad (que pueden leer por aquí https://www.fanfiction.net/s/…/1/El-a%C3%B1o-de-la-felicidad).

Tengo varios proyectos por delante, pero como todo en la vida es necesario ponerle empeño, y siempre dicen que los escritores queremos estar haciendo cualquier cosa… menos escribir. Es cierto. Pero el arte no es solo arte, es trabajo duro y muchos párrafos malos para que empiecen a salir los buenos.

Así que prepárense para los párrafos malos.

~Romy

Otro mundo

Las ruedas de los autos chirriaban sobre el pavimento mojado, el sonido de las bocinas de los coches llenaba el aire mientras la gente apretaba el paso escapando de la lluvia. Pero allí, bajo el paraguas, las gotas caían con un sonido acolchado y se deslizaban por la superficie de nylon suavemente, como si no quisieran molestar y romper la magia del momento.

Pausados, los labios se acercaron hasta tocarse y fundirse en un beso. El abrazo se estrechó. Los ojos cerrados no prestaban atención a las corridas y los oídos solo escuchaban los susurros del amor, con las gotitas de lluvia de fondo. Allí, bajo el paraguas, era otro mundo.

~Romy

El hombre y su biblioteca

Se acercaba siempre a los libros en busca de conocimientos y respuestas; luego buscando nuevas aventuras y visitar lugares que solo eran parte de la imaginación. De a poco todas sus horas fueron absorbidas por los libros y su mente capturada por los paisajes de fantasía que leía en sus historias. El día se le hacía noche sin que lo notara, la oscuridad pasaba y mostraba el alba sin que el hombre hubiera alzado la cabeza, más preocupado en los menesteres y desazones de sus personajes favoritos que en la gris rutina de su existencia.

Hasta que fue uno solo con su biblioteca, abrazando las historias con una sonrisa, y se encontró viviendo en los libros que más amaba, soñando por siempre, imaginando eternamente.

Angustia

Los segundos angustiantes pasaban con una lentitud pasmosa, en cada vuelta del reloj se podían vivir mil vidas. Ella se apretó un poco más sobre él, ahogando un sollozo de terror en los vellos de su pecho.

La respiración de él se hacía vapor en el aire repentinamente helado, todo producto de esa criatura, que había reptado desde las profundidades de sus peores pesadillas y se había revelado ante sus ojos abiertos de par en par. Se habían creído valientes, recordó él maldiciéndose al mismo tiempo. Pensaron que serían lo suficientemente inteligentes como para capturarlo y destruirlo, no sabían, o no temían, los artilugios de aquel mal ancestral, que se apoderaba poco a poco de la cordura, hasta romperla, desgarrándola como la frágil realidad.

Tenían los minutos contados, él lo sabía, ella lo intuía y por eso sus lágrimas humedecían con suavidad su camisa y su piel bronceada. Había tanto que quería decirle, pero no había tiempo, al menor ruido, al menor movimiento la criatura se abalanzaría sobre ellos y los tragaría de un solo bocado, sumergiéndolos para siempre en la oscuridad. ¿Y sus compañeros? ¿Estarían a salvo? ¿Los habría engullido primero la criatura o serían los siguientes?

El hombre tragó con dureza y lentitud, un nudo se formaba en su garganta. No sabía qué habría sido de los demás, si podrían hacer algo para detener a la criatura, para derrotarla; quizá era en vano pero no estaba dispuesto a terminar su vida de forma patética e inútil, al menos podía asegurarse de eso, un último acto heroico antes de perecer. Uno que quizá les diera a sus amigos el tiempo suficiente para poner en marcha un plan. Lo único que lamentaba con todas sus fuerzas era haberla arrastrado a ella a esa pesadilla.

Como si la mujer pudiera leer sus más secretos pensamientos, en ese instante levantó un poco la cabeza, sus miradas se encontraron, ambas llenas de miedo, pero también determinación. El interior del hombre vibró de emoción cuando ella se acercó a besarlo con calidez, en completo silencio, y supo que sus sentimientos eran correspondidos. ¡Qué terrible ironía! Casi hubiera podido reír con sequedad ante aquel giro del destino, que supo era también culpa de aquella criatura de los abismos: le estaba arrancando la felicidad cuando la tenía en la punta de los dedos, ¡aplastaba su corazón aún vivo!

Ella volvió a mirarlo, sus ojos se dulcificaron ante aquella intimidad compartida. Los dos sabían lo que debían hacer, y que no vivirían para contarlo. El arma del hombre se agitó en su mano temblorosa mientras ella asentía con la cabeza y él le devolvía el gesto.

El sudor resbaló por el costado de su rostro, como una lágrima.

~Romy

El papel se humedeció de lágrimas

El papel se humedeció de lágrimas. Las palabras golpearon como balas de cañón, destruyendo esperanzas y sueños, desmembrando ilusiones que habían tardado años en crecer.

Los pensamientos se hicieron cenizas en el viento árido del desengaño.

Qué cruel destino el que permite que dos seres se amen cuando el tiempo no es el indicado, cuando sabe que la desdicha romperá las dóciles cuerdas del cariño y lanzará la nave hacia otro puerto.

Las lágrimas de la despedida humedecieron la carta mientras la mente intentaba olvidar aquel adiós y sus porqués, sanar el corazón de la amargura y pensar en el mañana en que brillaría de nuevo la luz que se tragaba aquella eterna noche de desolación.

~Romy